¿Dónde está el saludo?

A veces me pregunto qué piensan los turistas sobre la manera de ser de los miamenses. Sobre todo cuando llegan a un lugar, dan los buenos días y no reciben contesta alguna. ¿Se sentirán seres invisibles?

Recuerdo muy bien que cuando era pequeña andaba de la mano de mis padres y escuchaba el intercambio de saludos cuando entraban a un establecimiento o se cruzaban con alguien caminando por la acera. Incluso yo, aún siendo una niña, saludaba. Era una simple manera de expresar cortesía. Reconocimiento necesario hacia los demás.

Hoy son muy pocas las personas que saludan. Lo sé por la cantidad de veces que soy ignorada cuando saludo. Incluso noto como algunos se sienten incómodos por haberlos saludados.

No sé si será el calor o esta vida tan agitada lo que conduce a la pérdida del saludo. Pérdida que empuja al ser humano a ser cada día más individualista.

El decir buenos días, buenas tardes o al menos hola, no toma tiempo ni energía alguna. Un simple saludo denota la buena práctica del civismo y demuestra que no andamos solos en este mundo.

Yo no me siento sola. Por eso siempre saludo.

Hasta la próxima,

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